Y que crezca la capacidad comunicativa de organización popular )))

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sábado, 10 de abril de 2010

Receta para Construir una Mujer Global...









Tome unas gotas de Amarige de Givenchy.
Un poco de crema antiarrugas de Clinique.
Una porción de extracto revitalizante para el cabello de L Oreal.
Mézclelo cuidadosamente para que no haga grumos.
Distribúyalo sobre un cuerpo femenino de l 80 metros con 90, 60, 90 cms de pecho, cintura y caderas respectivamente, preferiblemente blanco y rubio.
Si no encuentra fácilmente este producto en el mercado puede recurrir sin remordimientos a silicona y colágeno, extraer algunas costillas o realizar lipoescultura.
Salpimente con algo exótico a gusto.
Cueza a fuego lento en un caldo con algo de consumismo, fin de las ideologías y la historia u otras hierbas...
Sirva enfundada en Dona Karan, Agata Ruiz de la Prada, Dior, Armani de acuerdo a su presupuesto.

Aunque éste pueda parecer solo un ejercicio irónico, no esta muy alejado del paradigma que los centros hegemónicos de poder económico, político y mediático presentan como modelo de lo femenino en tiempos de globalización neoliberal y postmodernidad. Un paradigma que se intenta mundializar como parte de la estrategia de un pensamiento único.

No me voy a detener en el modelo, ni en las imágenes con el que se presenta porque muchos son los estudios sobre el tema y la intención de mis reflexiones es provocar el debate sobre la investigación comunicológica con enfoque de género en los contextos mediáticos globalizados.

La globalización de la información y la comunicación no sólo pone en juego el proceso de reproducción de contenidos, ni la mera circulación de información, sino como señala Jesús Martín Barbero, nuevos modos de producción del pensamiento. ¿Está el enfoque de género presente en la formulación de estas nuevas formas¿ No, nacen con el pecado original del sexismo y la visión androcéntrica de la realidad y los procesos sociales.

La crisis del estado nación en América Latina a partir de los noventa ha conducido no solo a la profunda crisis del sistema político de representación y liderazgo, sino al funcionamiento de una política cada vez más dependiente de la relación mediática. Pero las mujeres apenas acceden al poder político y los medios las invisibilizan en la llamada prensa de interés general o la presentan como símbolo fetiche del consumo incluso en países donde el consumismo propagado por los medios remite a un espejismo.

Se habla con entusiasmo de los kilómetros de fibras óptica que recorren el mundo, de los satélites que permiten chatear en tiempo real con desconocidos en el otro extremo del planeta o estrenar la guerra en los Balcanes, Afganistán o Irak como la taquillera guerra virtual de Steven Spielberg y George Lucas. Pero sólo el 11 por ciento de la población de América Latina tiene acceso al teléfono un invento del siglo XIX.

En este contexto se presentan a las y los investigadores de la comunicación en el continente varios retos, en primer lugar desmarcarnos del discurso teórico globalizador general, muchas veces generado desde esos mismos centros de poder, y situar de qué modo la globalización comunicacional tiene lugar en el continente y sobre todo cómo se involucran las audiencias, los públicos, los receptores, los perceptores o usuarios según los definen las diferentes escuelas. Entre estos desafíos me interesa particularmente la incorporación del enfoque de género como una categoría comunicológica y no simplemente como un concepto tomado de la sociología para hacer investigaciones sobre los medios políticamente correctas o a la moda.

Si coincidimos en que los medios son reproductores del pensamiento dominante en cada realidad específica, constructores del universo simbólico, y en que la comunicación va más allá de la utilización de determinados recursos expresivos o técnicos para resultar esencialmente un proceso de producción compartida de significados a través de los cuales los individuos dotan de sentido sus experiencias, coincidiremos también en la incidencia de los medios en la conformación de lo femenino y lo masculino, y a su vez, en el condicionamiento que estas visiones ejercen en la construcción, emisión, resignificación, apropiación y rechazo de los mensajes.

Toda relación social se estructura simbólicamente y todo orden simbólico se estructura a su vez discursivamente. La construcción de los discursos mediáticos está profundamente marcada por los estereotipos sexistas.

Se impone entonces profundizar en la formulación de las rutinas productivas, en los valores noticias que invisibilizan a las mujeres y presentan a los hombres como portavoces de todos los saberes, en el proceso mismo de construcción de la realidad mediática y en los procesos de recepción.

La propuesta del género en la comunicación es cambiar la mirada, ver y asumir las otredades por ello resulta tan transgresor y provoca la burla del desconocimiento o el rechazo del desconcierto en muchos círculos de comunicadores y comunicadoras.

Pero no es posible acercarse realmente a cómo se articula la construcción de las identidades en la vivencia de un presente narrado por la preeminencia de la globalización neoliberal sin el enfoque de género como categoría analítica.

Con esa fuerza desmitificadora se impone analizar entre otros aspectos la visión apocalíptica que muchas veces se presenta de la globalización mediática que pretende homogenizar a las audiencias.

Es cierto que las identidades de género se construyen posesionándose, identificándose y diferenciándose en relación con las construcciones culturalmente asignadas de ser hombre y mujer y que en ello desempeñan un papel socializador importante las imágenes y representaciones que diseñan los medios articulados en una dinámica global y dentro de un proceso de integración vertical y horizontal, pero no son el único elemento y en dependencia de los contextos muchas veces ni siquiera tienen un peso relevante.

Como bien señalan Canales y Peinado “Entre las prácticas sociales y su discurso hay siempre una interacción; y el segundo no es una mera emanación de los primeros, sino que retorna sobre aquellos.”

Las audiencias no son una masa homogénea, como se presenta en el paradigma de la globalización mediática neoliberal, las mujeres en particular son diversas y plurales, marcadas por su ser como mujer, pero también por la clase, la raza, la etnia, la opción sexual, el credo, la discapacidad y otros elementos que la particularizan dentro del todo.

Se produce entonces el desfase entre la realidad y la virtualidad del modelo global. En el complejo proceso de mediaciones que caracteriza el proceso de recepción se provocan brechas entre vivencias y modelos mediáticos, entre la uniformidad universal propuesta y la diversidad de la realidad, entre el consumismo proclamado y el espejismo de consumo que caracteriza estos tiempos de crisis económica.

Quien recibe un mensaje mediático determinado –afirma Elizabeth Lozano—no es alguien aislado. Estamos hablando de un sujeto histórico y situado, condicionado por un amplio contexto que sobrepasa siempre a un mero sistema comunicativo, que lo incluye y lo trasciende. Pautas culturales, costumbres arraigadas, el medio próximo en el cual transcurre su vida, su rutina y manera de vivir, ingredientes que entre otros enriquecen y trastocan toda visión simplista. Es un proceso individual y social.

Ignorar el poder de la imagen y la representación sexista sería ingenuo y sumamente peligroso, pero debemos tener en cuenta también la importancia de la mujer y el hombre en la construcción de su propio universo simbólico.

Estudiar los complejos procesos de frustraciones a nivel individual y de grupo que produce no responder al paradigma(por ejemplo las enfermedades de la belleza), reivindicar la necesidad de escuchar en los medios la voz de los excluidos, presentar los nuevos roles que las mujeres han asumido, educar para la comunicación son también aspectos a abordar por las investigaciones con enfoque de género en la comunicación.

La brecha entre la realidad y la ficción mediática, es el espacio para una comunicación con enfoque de género que reivindique la pluralidad y heterogeneidad de lo femenino. Un ámbito que escapa a las recetas, en el que se ofrecen ya alternativas interesantes. Un mundo mejor es posible, una comunicación con equidad y no excluyente también lo es, será esa la única forma en que los satélites, los chips, la fibra óptica, las pantallas líquidas nos ayuden realmente a que el mundo resulte menos ancho y ajeno.


Por: Isabel Moya Richard / Letra con Género
Fuente: Género con Clase

domingo, 21 de febrero de 2010

"El feminismo tiene un carácter más ético que político; ha ido mucho más allá que otros movimientos sociales"

Noticias de Navarra Paloma Uría Ríos Historiadora y miembro de la corriente de opinión Otras voces feministas. Educadora y ex diputada por Izquierda Unida en el Parlamento de Asturias, ha dedicado su actividad vital a la literatura y el feminismo. Acaba de editar el libro 'El feminismo que no llegó al poder', una historia del movimiento feminista durante la transición política en España













Palabras como feminismo o feminista, ¿qué connotación social arrastran?

Evocan, sin duda, muchas cosas buenas. Pero también es cierto que esas palabras tienen una carga peyorativa difícil de desterrar. Es bastante frecuente que algunas personas digan: "Sí, estoy de acuerdo contigo, pero yo no soy feminista". Eso responde a una connotación negativa que viene ya del siglo XIX cuando algunas mujeres se decidieron a intervenir, de manera pública, en la vida política y social. Se ha dado en considerar también al feminismo como una especie de revancha. A ello responden esas expresiones tan repetidas como "vosotras queréis dar la vuelta a la tortilla" o "pretendéis que los hombres dejen de mandar y que manden las mujeres". O también esos lugares comunes como decir: "las feministas son todas lesbianas", frase que alude a la dificultad social para aceptar la homosexualidad entre mujeres. Creo yo que, en un movimiento pendular, todo eso se ha ido olvidando y ser feminista se ha convertido en algo políticamente correcto.

Usted, como fundadora, militante y analista ¿Cómo ve al feminismo?

Me parece que hay que diferenciar a los movimientos sociales de la teoría feminista. No hay una sola teoría feminista, sino muchas. Ha habido intentos fallidos de hacer un gran relato, y muchas mujeres teorizando sobre determinados aspectos, con posiciones bastante controvertidas. El movimiento feminista en nuestro país ha sido muy activista, pero no ha desarrollado teorías ni propuestas acabadas. Su pensamiento es difuso y vago, pero, sin duda, fuertemente cargado de ideología.


El movimiento feminista ha pretendido con toda claridad defender los intereses de las mujeres, y alcanzar libertad, autonomía e igualdad respecto a los hombres. Es un movimiento que reivindica derechos y pretende -esto me parece lo más novedoso en su etapa contemporánea- revolucionar las relaciones interpersonales. En este sentido ha ido mucho más allá que otros movimientos sociales, al buscar cambiar las relaciones entre hombres y mujeres en un sentido más armónico y más igualitario. Y eso, creo yo, le da al feminismo un carácter más ético que político.


¿Cuáles son los hitos históricos del feminismo occidental?

El feminismo tuvo una primera fase en la segunda mitad del siglo XIX en los países más industrializados. Surgió entre mujeres de la clase media que se plantearon alcanzar la igualdad en los códigos de derecho civil y se movilizaron por el derecho al voto, por eso se les conoce como sufragistas. Su actividad coincidió en el tiempo con el auge del socialismo, de la Segunda Internacional, que reclamaba la igualdad de salarios y el derecho al voto, y se enfrentó con las sufragistas por considerarlas pequeñoburguesas. Después del largo periodo de guerras mundiales y entreguerras, el feminismo volvió a cobrar fuerza en occidente vinculado a los movimientos contraculturales de los años 60 y aupado por grupos de izquierda radical. En España irrumpió tras la muerte de Franco y se convirtió en un movimiento muy activista, asambleario, e independiente de instituciones y de partidos políticos. La Coordinadora de Organizaciones Feministas celebró, entre 1979 y 2009, 5 encuentros de debate con nutrida asistencia, de entre 3.000 y 4.000 mujeres, a cada uno de ellos.

¿Qué reivindicaciones principales ha planteado el feminismo?

En nuestro país, después de la dictadura, el movimiento feminista se movilizó, con gran presencia en la calle, por objetivos como la "Amnistía para las olvidadas" (mujeres que permanecían en la cárcel en base a leyes franquistas que penaban el adulterio, la prostitución y el aborto), el derecho al divorcio, el libre acceso a anticonceptivos, la despenalización del aborto (hubo encierros de mujeres en todas las Audiencias territoriales), y por una ley contra la violencia de género. También, en el ámbito laboral, ha peleado por la igualdad de oportunidades en el acceso al empleo y la equiparación en las retribuciones salariales, y ha denunciado "la doble jornada" de trabajo, retribuido y doméstico, que han tenido que soportar las mujeres. Además ha reclamado la coeducación, y el derecho a disfrutar el placer sexual.

¿Por qué razones el movimiento feminista ha sido algo exclusivo de mujeres?

Esa fue una opción deliberada. En el momento en que nació no podía ser de otra forma, porque la mujer estaba en un segundo plano y tenía poca confianza en su capacidad de acción y presencia pública. Era precisa la visibilidad de la mujer. La opción fue acertada. Pero, vista con ojos de hoy, se aprecia que generó hostilidad primero, y después una continuada inhibición masculina. Muchos varones minusvaloran las reivindicaciones femeninas y están acostumbrados a inhibirse ante ellas.

Una cuestión polémica, dentro del feminismo, ha sido la de la identidad de la mujer.


Existía la necesidad de crear una subjetividad femenina, y las mujeres, al reunirnos en asambleas y grupos de autoconciencia fuimos creando conciencia de nuestra identidad. Llegamos a sentir el orgullo de ser mujeres y dejamos de ser el "segundo sexo", como diría Simone de Beauvoir. Pero, al querer definir qué significa ser mujer, aparecieron los problemas y el movimiento se dividió. Eso fue a cuenta de los estereotipos femeninos (ser más comunicativas, más pacíficas, más cercana a la naturaleza, más intuitivas, menos racionales) por contraposición total y enfrentada a los estereotipos masculinos. De ahí surgió una polémica en torno a los valores humanos: ¿Se podía defender esas diferencias como algo esencial o eran sólo rasgos culturales? Es entonces cuando surgió la división entre el feminismo de la diversidad y el de la diferencia.

Ante la sexualidad ha habido también posiciones divergentes.

El debate feminista ha puesto de relieve la diferencia entre sexualidad y genitalidad. La mujer descubrió su propio cuerpo y su capacidad de sentir placer. Hubo, en ese proceso, quienes dieron más importancia a la parte física y mecánica, que a la parte simbólica del placer sexual. Y quienes afirmaron que las mujeres se excitaban mejor sin que hubiera penetración vaginal. Y así llegaron a asegurar que era más feministas aquellas mujeres que no realizaban el coito. Apareció así una sexualidad normativa, una tendencia a establecer normas por encima de los deseos y opiniones de las mujeres. Un feminismo radical proveniente de Norteamérica y de los países escandinavos consideraba que la raíz de la opresión de las mujeres estaba en la opresión de su sexualidad. Aseguraban que los hombres explotaban la sexualidad de la mujer, y que la sexualidad masculina era agresiva, violenta y genital. Algunos grupos, en los Estados Unidos, se manifestaron radicalmente contrarios a la pornografía y alcanzaron un tinte puritano que coincidió en el tiempo con las políticas ultraconservadoras del presidente Reagan. Hoy existe un amplio acuerdo en que cualquier relación sexual libremente consentida entre personas es liberadora. Pero suele suceder a menudo en la vida de los grupos humanos que aparezca una "vanguardia" con la pretensión de dar certificados acerca de "quién es de verdad" tal o cual cosa, feminista o lo que sea.


¿Cuál es hoy la situación del feminismo?

Creo que no existe hoy un movimiento social feminista activista y reivindicativo como el de años atrás. Sigue habiendo mucho debate, investigación y encuentros. Pero, sobre todo, hay multitud de grupos organizados de mujeres. Los Institutos de la Mujer, estatal y autonómicos, y otras instituciones han absorbido muchas reivindicaciones. Y los movimientos asociativos han perdido su carácter transgresor; quieren cambiar algunas cosas, pero no pretenden cambiar radicalmente las relaciones y modos de vida de las personas. Entre tanto, se sigue atendiendo a la desigualdad entre hombres y mujeres, pero se tiene poco en cuenta las desigualdades entre mujeres dentro de nuestra sociedad; no se debe legislar igual para todas, volviendo la espalda, por ejemplo, a mujeres en paro, inmigrantes o prostitutas. Hay poco esfuerzo por implicar a los hombres en estas tareas de equidad.


¿Qué opinión tiene acerca de la ley sobre violencia de género?

Era necesaria una ley específica que contemplara de manera específica la violencia de los hombres contra las mujeres, pues se trata de un problema social grave y concreto. Otras formas de violencia contra las personas ya están contempladas en el código penal. La ley tiene una pretensión integral de prevenir y educar, y también de rehabilitar al agresor. Pero creo que concede demasiado peso a los aspectos penales, y se penalizan tanto delitos como faltas. También me parece excesiva la obligación de presentar denuncias para acceder a determinadas ayudas de vivienda o prestaciones económicas, porque existen mujeres que no quieren denunciar, bien porque tienen miedo, o porque no desean que su pareja vaya a la cárcel, o porque son inmigrantes que, denunciando, ponen en riesgo su permiso de residencia en nuestro país. Tampoco me parece satisfactorio el tratamiento que da la ley al acceso a la custodia compartida de los hijos.

Por: Javier Pagola
Fuente: Géneroconclase