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Revolución Continental

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Atacar duro, pero que todo siga igual, la burguesía gana “perdiendo”


Por: Miguel Arteaga
La Guarura

“No se trata de regatear sobre si el vaso está medio vacío o medio lleno, sino de romper el vaso”
Michael Hardt / Toni Negri.



Sin lugar a dudas, estamos en medio de una verdadera guerra económica, y eso se hace evidente en las calles, en los supermercados, en los abastos, en las bodegas, y en todo tipo de establecimiento de tipo comercial que exista en nuestro país. La precaria situación por la que atraviesan millones de personas a lo largo de nuestro territorio para conseguir alimentos y productos de la llamada cesta básica es verdaderamente digna de un estado de pre-guerra, de guerra real, de invasión extranjera, de huracán escala 5 anunciado, de catástrofe nuclear. Basta con estar en una de las largas colas para comprar algún producto alimenticio o de aseo personal que aparecen por momentos, para apreciar la verdadera magnitud de la situación. Esta situación se tornó aún más compleja con los elevadísimos precios que de manera “programadamente repentina” comenzaron a aparecer en todos los productos comercializados, electrodomésticos, materiales de construcción, artículos que llaman de primera necesidad, etc. Un escenario que tomó tintes evidentemente desestabilizadores, pero que no recibían una respuesta adecuada al nivel de la amenaza que esto representaba.

Ahora bien, el gobierno nacional, tomó acciones en estos últimos días que debió haber emprendido hace mucho, El por qué de no haberlo hecho antes, puede ser motivo de diferentes interpretaciones, pero al parecer pudieron darse cuenta que las cosas no les estaban cuadrando para mantenerse ante la arremetida desestabilizante de los sectores económicos que activaron el plan, y la coyuntura electoral es sin dudas otro motivo de peso para la ejecución de dichas medidas. Una reacción sumamente tardía que causó gran daño moral, emocional y financiero en un gran numero de la población venezolana. Estás medidas confirman, que tanto al estado nacional, como a la burguesía, no es precisamente el bienestar de la población que les interesa,(uno en menor medida que otro) sino evitar el miedo-acciónque ella produce, evitar la revuelta, la insurrección, la indignación hecha carne en las calles. Es a ese miedo a quienes responden ambos bandos de la contienda “política” nacional. Es por ese miedo que se toman acciones aparentemente “heroicas” pero que siguen dejando intactas las estructuras de dominación capitalistas, las jerarquías sociales, los modelos de producción y todo el andamiaje que conforman la totalidad del sistema actual de las cosas, es decir, las estructuras del estado capitalista y de la composición social siguen intactas con todas estas medidas, se actúa contra los precios injustos, y se establecen precios “justos” pero que nadie diga una palabra sobre la gran injusticia que es el sistema, que a su vez es la fuente de todas las injusticias. Solo se toman medidas temporales contra una de las consecuencias del desigual engranaje de dominio, pero al gran corruptor lo siguen dejando con vida, y este gran corruptor tiene la capacidad de reinventarse en nuevos mecanismos que le permitan sus funciones originarias, que no es precisamente la justicia social. Es una ingenuidad pensar que desde una estructura que está configurada para el dominio y la explotación como lo es el estado, se puedan generar mecanismos que lo combatan y lo hagan desaparecer como forma opresora de la liberación y la autonomía de los pueblos. Es como pedirle al verdugo que se ponga él en la horca en lugar del condenado.


Se podrá argumentar que las acciones económicas llevadas a cabo por el gobierno nacional contra los especuladores, usureros, acaparadores, etc. Son admirables desde todo punto de vista. Ciertamente son admirables, no precisamente para nosotros los que no poseemos nada, sino solamente para aquellos defensores y “mantenedores” del sistema capitalista mundial, los que diariamente propician el consumismo desmedido, lo que imponen la cultura de la mercancía y sus formas de vida. Porque simplemente plantear la pela en el terreno que los grupos económicos escogen es hacerle el juego a las estructuras de dominación, en lugar de centrar la pelea en los núcleos fundamentales de explotación, de negación a las capacidades productivas, en el problema central de toda sociedad que es la tenencia de la tierra y todas sus vertientes liberadoras. En 14 años no se ha hecho más en el terreno político que pasar de una coyuntura a otra, electorales, desestabilizadoras, golpes, sabotajes, etc. Una dinámica siempre impuesta desde las estructuras del poder económico mundial, ejecutadas por sus sirvientes nacionales. Son ellos los que imponen la agenda, son ellos los que deciden en que terreno se pelea, son ellos los que ponen las reglas de juego. Y los conductores del “proceso revolucionario” no hacen más que obedecer y caminar bajo las sombras de las jugadas políticas de sus adversarios. Es una ingenuidad tremenda pensar en lograr algún tipo de victoria política peleando en el lugar que escoja el capitalismo, por esa razón la burguesía venezolana con estas medidas tomadas por el gobierno nacional, gana perdiendo.

Gana perdiendo por el simple hecho de que semejantes medidas solo representan un reajuste en los mecanismos de ganancias, pero todo lo demás seguirá intacto, con el agravante que representa a una burguesía nacional golpeada a medias, medio herida, y que atacará con más fuerza con la que se le golpeó. Es el problema de la confrontación en el terreno del enemigo, en cambio imponer nosotros la agenda, representaría dar un paso adelante que ellos, pero esto lamentablemente desde el gobierno nacional en 14 años no se ha querido hacer. La desarticulación definitiva de todo el engranaje del sistema capitalista sigue siendo un sueño de unos cuantos locos que se atreven a plantearlo. Sabemos muy bien que los centros de poder nacional no tienen ni la más mínima intención de suicidarse, de inmolarse, de lanzarse ellos solítos por el barranco, y también sabemos que desde las estructuras del estado, no se hace más que preservar y fortalecer todo para lo cual fue creado, para la dominación, el control, e impedir el surgimiento de fuerzas autodeterminantes que representen una amenaza para su hegemonía. Mientras este sea el escenario y la prioridad de los dirigentes del proceso “revolucionario” no habrá revolución posible al menos en lo que en la práctica social se corresponde, simplemente porque el camino hacia la revolución social es un camino totalmente antagónico que el impuesto por las formas de dominio capitalistas. El estado y todas sus formas y representatividades, es la negación de la autodeterminación de los pueblos en lucha, es el cerco que impide el desarrollo de las fuerzas sociales de organización del común, de las relaciones afectivas, de los lenguajes, de las formas de comunicación, de las formas de cooperación, en fin, de toda la creación de nuevas formas de vida, donde las personas no son vistas como objetos, sino como sujetos que impulsan el hacer creativo de la dignidad colectiva.

La revolución social solo será posible con una ruptura definitiva con la relación dicotómica amor-odio del proceso bolivariano y la burguesía nacional, todas las medidas tomadas en estas circunstancias, incluyendo la tan deseada “ley habilitante” no serán más que acciones orientadas al mantenimiento y fortalecimiento del estado y todas sus estructuras capitalistas, que son la esencia de su creación. La cuestión de la revolución YA, no es posible pensarla en términos de etapas y procesos de “adecuamiento”, la cuestión de la revolución debe plantearse de manera radical en un momento como el que vivimos hoy, no hay salida, hay que cambiar la temporalidad que nos impone el capital, una nueva temporalidad que impongamos desde el hacer colectivo, una temporalidad que imponga la agenda de lucha, y no que ellos nos las impongan, somos nosotros los que diariamente reproducimos el capital, y somos nosotros únicamente quienes podemos detenerlos. La revolución hoy y ahora, se vuelve una imperiosa necesidad, una necesidad que solo se puede satisfacer desde los intrincados caminos de los pueblos en lucha, poesía humana que resuena en las calles.

Volvemos por todos los caminos !!!