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Revolución Continental

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domingo, 26 de abril de 2015

DEL LIBRO A LA PALABRA NUESTRA DE CADA DIA














FREDDY ARAQUE

—¡Ay, señor—dijo la sobrina—. Bien los puede vuestra

merced mandar quemar, como a los demás; porque no se-

ría mucho que, habiendo sanado mi señor tío de la enfer-

medad caballeresca, leyendo éstos se le antojase de hacer-

se pastor y andarse por los bosques y prados cantando y

tañendo, y, lo que sería peor, hacerse poeta, que, según

dicen, es enfermedad incurable y pegadiza.

Miguel De Cervantes.


Las políticas editoriales del estado venezolano, el fermento indetenible de la educación popular, la irrupción masiva de distintos medios impresos y digitales, concursos literarios en sus respectivos géneros, apertura de librerías y bodegas culturales, realización constante de ferias del libro a precios accesibles a todos los lectores en espacios abiertos y públicos a lo largo y ancho del país, recitales y conversatorios con presencia de escritores de diversas nacionalidades junto a los escritores del patio, así como otras alternativas individuales y grupales que, con igual fin de incorporar adictos y adeptos a la palabra creadora, indefectiblemente a todos los venezolanos, de ayer y de hoy, nos lleve siempre a reconocernos en la sempiterna república de las letras.

Sin ningún prurito a la historia ni a las etimologías, en este asunto de adictos y adeptos a la palabra, traemos a colación una reseña del prólogo a la primera gramática de la lengua castellana, escrita por el filólogo español Don Antonio de Nebrija y publicada en el año de 1492, y dedicada a su majestad la reina Isabel la Católica que, por esos mismos días, después de haber firmado el Decreto de la Alhambra, sobre un borrador de Tomás de Torquemada y que contemplaba la expulsión de moros y judíos de España, al mismo tiempo que se financiaban los viajes de conquista y colonización de Cristóbal Colón a la Abya Yala y que por esas mismas fechas, persuasivo, en el tal prólogo, el filólogo advertía: “siempre la lengua fue compañera del imperio; et de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron et florecieron, et después junta fue la caida de entrambos.”

Así comenzaba la aventura de la lengua castellana por estos predios —donde las letras de las culturas originarias Maya Quiché ya habían plasmado el texto sagrado del Popol Vuh— y a partir de entonces, desde el mismo diario de Colón, pasando por los relatos de cronistas de indias e historiadores diversos, la historia del idioma actual, con afinque en la obra de Cervantes, a quien nunca permitieron venir a las Indias, no volvería a ser la misma bajo el mestizaje de nuestras lenguas y culturas que, finalmente, habrían de reflejarlo para la posteridad, en obras pertinentes como la de Hernán Cortez, Bernal Díaz del Castillo, Fernández de Oviedo, Juan de Castellanos, Alonso de Ercilla, Fray Bartolomé de las Casas, Garcilaso Inca de la Vega y otros más.

De ahí que Nebrija en tan significativa fecha, unificados los reinos de Castilla, León, Aragón y Granada, y en proyección a los inmediatos intereses del incipiente imperio, tenía muy claro el papel que en ese momento histórico habría de jugar la imposición de la lengua española para la cristiandad futura; y no por azar el papa Alejandro VI (Rodrigo de Borja), con sus bulas de donación para los reyes católicos de España y de Portugal —reajustados al año siguiente por el tratado de Tordesillas— repartió muy pródiga y calculadamente las tierras del “nuevo continente”: El tercero provecho deste mi trabajo puede ser aquel que, cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a vuestra real majestad, y me preguntó que para qué podía aprovechar, el mui reverendo padre Obispo de Avila me arrebató la respuesta; y respondiendo por mi dixo que después que vuestra Alteza metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos ternían necessidad de recebir las leies quel vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces, por esta mi arte, podrían venir en el conocimiento della, como agora nos otros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latin.

También nosotros, precisamente por estas fechas, a doscientos años de nuestra independencia, si pertinente es reivindicar la gesta emancipadora de Simón Bolívar —genio militar y paladín de la libertad suramericana— también lo es a su infatigable condición de cultor de la palabra, he ahí sus cartas y partes de guerra recogidas en su obra completa, como de igual manera hay que reconocerlo en la figura del gran Francisco de Miranda; todo esto a la par de la no menos singular acción educativa y revolucionaria de Simón Rodríguez; gestas que se complementan cada día con mayor nitidez cual faro que ilumina constantemente nuestra conciencia histórica en devenir de nuestra identidad libertaria y fundamento de gran patria Bolivariana.

Simón Rodríguez, —puntal de la educación liberadora proclamada años después por Paulo Freire— convicto y confeso promotor de la lectura en su proyecto de educación republicana, un adelantado a su tiempo, harto difícil en congeniar con miserias del poder de pareceres y opiniones en contra de la razón, pues incomprendido la mayor parte de las veces en su tiempo, por mismo Sucre cuando fue presidente de Bolivia, nos dejó un significativo testimonio, no sólo como pedagogo sino también como escritor y filósofo para la posteridad de refundar repúblicas con nuevos ciudadanos, mismo eco que retumba en el hombre nuevo del Che Guevara.

Si en La Gaceta de Caracas la palabra escrita tuvo sus adeptos y adictos , en función a intereses del poder hegemónico imperial, bien es cierto que en El Correo del Orinoco —trinchera de las ideas, según Bolívar—, en sus colaboradores y lectores, igualmente tuvo sus adeptos y adictos al proyecto independentista liberador de la Gran Colombia.

Siendo constantemente la palabra el medio, también su mediación es el escenario donde se libran los combates del significado y la comunicación más allá del desarrollo de nuevos medios y tecnologías, la racionalidad del ser humano siempre ha tenido un puntal de lanza en la literatura… Parábola e ironía magistral del destino de la misma, podría ser la quema de la Biblioteca de Alejandría, achacada a Julio César e indistintamente al califa Omar en otras ocasiones, los textos satanizados y quemados por la Santa Inquisición —Index librorum prohibitorum—; y sutilmente, como revival emparentado en tal acción, están los hechos del capitulo VI, de la primera parte del Quijote de La Mancha, “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”; cuando el ama y la sobrina condenaron todos los libros leídos por Don Quijote a la hoguera, salvo que el cura tuvo la idea de leer los títulos antes, y aunque condenó al Amadís de Gaula, el barbero que era lego y avezado lector, le salvó del fuego, por ser el mejor libro de caballerías editado en España y que por ser único en su arte se debía perdonar; otro tanto más reciente se da en Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, donde la felicidad es cuestionada por la lectura perturbadora de los libros a los que hay que incinerar para igualar la condición humana, situación no lejana a las quemas de libros ejecutadas durante el III Reich, en especial las ocurridas la noche del 10 de mayo de 1933, cuando los nazis incendiaron miles de ejemplares de autores judíos y extranjeros en casi todas las librerías y bibliotecas de toda Alemania, incluyendo un ejemplar de la primera edición del Manifiesto Comunista de Federico Engels; algo similar haría la dictadura de Augusto Pinochet en Chile en 1973, después del golpe militar y asesinato de Salvador Allende.

Salve grey a la que el humilde orfebre alemán Johannes Gutenberg consagró su invento para redimir —desde 1616, éste, y, cada 23 de abril que conmemora la desaparición física de Don Miguel de Cervantes—, letra a letra, la palabra nuestra de cada día, al arte de escribir y leer el alma de nuestros semejantes cual espejo que nos devuelve la humana experiencia en signo de canto y sueño libertario.


fredy.araque@gmail.com